domingo, 9 de enero de 2011

Los cómics y la afición por la lectura




Primero debo confesar que soy un lector de cómics más que de obras clásicas de literatura, así me inicie en la lectura, y no me arrepiento.

Ahora me he encontrado una revista y un artículo de José Miguel Alva Marquina que trata este tema y me ha dejado sorprendido por las cifras y los conceptos que rescata, nunca creí que los cómics o los cuentos de mi infancia hubieran tenido tal impacto en la sociedad.




CUAUTLANCINGO

Dubriel García Rodríguez

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En una ocasión, unos amigos y yo no entramos a la escuela la semana completita, nos fuimos de “pinta” a leer historietas. Encaramados en un jazmín de abundante follaje y de fresco aroma, nos tiramos de espaldas como los gorilas africanos descritos por Dian Fosey, en Gorilas en la niebla. Leíamos por puro placer el Charrito de Oro, el Llanero Solitario, el Santo Enmascarado de Plata, Kid Colt, Red Ryder, Tawa el hombre gacela, Tarzán el rey de los monos, Memín Pinguin, Flecha Verde, Supermán, y hasta el Kalimán, quien pronunciaba una frase que hacía mía cuando mi hermano me apuraba en la lectura de una historieta que él ansiaba leer: “paciencia, mucha paciencia Solín, que tenemos toda la semana”. Fueron días de intensa lectura, me “cai”; hoy me hubieran dado un diploma, en ese año me dieron una variza porque el director nos descubrió y no tardó en denunciarnos con mi padre.

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Castro, et al (2008). Historias de pizarrón, BUAP-SEP, Puebla Pue. México



PSEUDOAUTOBIOGRAFÍA
(FRAGMENTO)

Nací en Puebla pero me crié en diversas poblaciones rurales por el trabajo de mi padre, él fue profesor rural y mi mamá dedicada a las labores del hogar. En total fuimos ocho hermanos, yo el tercero en la sucesión familiar. Aprendí a leer desde antes de ingresar a la primaria motivado por los cómics que eran la única literatura universal para los niños como yo. El personaje que más me impactó fue el Fantomas; la amenaza elegante. Él era un ladrón que hurtaba pinturas a los museos, acciones a los bancos o remesas de armas a los países. Nunca con violencia. siempre con astucia. Actuaba rodeado de bellas mujeres con los nombres del signo del zodiaco. Normalmente usaba una máscara blanca pero para cometer sus robos, otros disfraces. Tanto me emocionaba con las aventuras del Fantomas, que para leerlos, cada sábado me formaba desde temprana hora en el puesto del zócalo; que los alquilaba por diez centavos. Leía, alerta a la calle que daba al poniente porque podría aparecer mi padre, enemigo acérrimo de los cómics y principalmente del Fantomas.

(...)

Un día recibí la llamada del coordinador de la maestría en la cual me exhortaba a entregar la documentación y me daba una explicación: les otorgaban el cincuenta por ciento de las becas solicitadas y era obvio, que si no lo hacía, perjudicaba a otro compañero que tuviera necesidad de la beca.

Sobra decir que entregué la solicitud con los documentos necesarios. A mediados de octubre de ese año me fue comunicada la noticia: había sido becado por el CONACyT y además obtuve, con mi proyecto, una estancia de tres meses en Francia.

Mi vida cambiaba radicalmente, ahora entendía claramente las palabras proféticas de mi padre: “si quieres ser alguien en la vida tienes que estudiar”. Sí, el estudio como instrumento emancipador de la clase baja. En el trabajo tenía un sueldo raquítico ahora el CONACyT me daría el doble y además me enviaba al extranjero.

A mi esposa y a mis hijos les dio un gusto enorme cuando les comuniqué la noticia, mis padres me abrazaron y mis hermanos hicieron todo tipo de burlas y comentarios. Ese día comimos de lujo: arroz, mole, frijoles de olla y tomamos refrescos y cervezas. Mi hermana puso en el estéreo las canciones de José Alfredo Jiménez y entonamos la que más me gustaba: El Rey.

En la semana siguiente fui a la secundaria donde trabajaba y en una academia de profesores me desquité con el director. Le llamé enano intelectual por haberme negado permisos para salir a presentar exámenes con la frase: “te dedicas a estudiar o a trabajar, las dos cosas no se puede”. Lo mandé públicamente a tiznar a su madre y ya encarrerado, también al sub y al inspector y al sindicato y a todos los que alguna vez me habían agraviado y también, a los que nunca lo habían hecho, a esos los agregué en mi retahíla de insultos por conformistas. Tiré literalmente mi trabajo en la Secretaría de Educación Pública.

Después de los trámites de rigor y luego de tres meses me vi en el aeropuerto de la ciudad de México donde abordé un avión de Air France con destino al Charles de Gaulle en París. Mi destino: la universidad de Lille al Norte de Francia. En ese viaje, de catorce horas, tuve tiempo de reflexionar y de soñar. Me pregunté cómo puede cambiar la vida de una persona a partir de una serie de casualidades. Cuando niño, había gozado con las historietas de Fantomas y sus robos al museo de Louvre ahora, de grande, se me presentaba la oportunidad de visitar ese lugar. Las mujeres delgadas y hermosas que ayudaban a Fantomas en el cómic, repartían sonrisas y vinos, disfrazadas de azafatas, en el avión.

1 comentario:

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