miércoles, 19 de enero de 2011

Contra el silencio

OPINIÓN

Contra el silencio

JUAN SEBASTIÁN GATTI

A veces, el silencio es la peor mentira.

Miguel de Unamuno

¿Cómo argumentar racionalmente en contra de lo que no es argumen-to sino rumor? Las persistentes versiones de la desaparición de la Secretaría de Cultura del estado de Pue-bla (SC) son particularmente nefastas por-que, justo en su calidad de versiones y ru-mores, hacen que cualquier discusión pa-rezca de inmediato una lucha ni siquiera contra molinos de viento sino contra el viento mismo, un manotazo de ciego, una respuesta a la nada.

Y sin embargo, la misma persistencia del rumor durante ya varias semanas es un dato duro, una afirmación a la que es posible responder. Si nada de cierto tu-vieran esas versiones, hubiera bastado una simple y clara negación para desarmarlas. Cuando el próximo gobernador del estado se indigna por lo que llama especulaciones de algunos medios de comunicación, pero no niega la veracidad de las mismas y prefiere salir por la tangente de los presupuestos y las buenas intenciones, ¿de verdad no se percata de que está confirmando lo que parece rechazar?

Los silencios se convierten entonces en intenciones que podemos juzgar y de-batir. Como nadie con calidad para ha-cerlo niega que la SC vaya a volverse un apéndice de la SEP, podemos concluir que eso, o algo similar, es lo que se planea. La idea es peregrina, absurda por donde se la vea, y aquí también el silencio y la falta de información vuelven difícil discutir, pero algunas pistas hay que pueden indicar cuáles serían los argumentos que no se están expresando. En una conferen-cia de prensa hace un par de días, More-no Valle reveló su intención de fusionar festivales estatales y municipales “para eficientar recursos”: es decir, que dos conciertos son un desperdicio pudiendo te-ner uno solo; dos libros publicados, un exceso que se subsana publicando solamente uno; dos exposiciones pictóricas, un abuso del color y de la forma.

Y del gasto

Digámoslo de nuevo, por las dudas: del gasto. Para el gobernador electo de Puebla, la cultura es un gasto. No una in-versión, no una necesidad, no una muestra de civilización, no una expresión de lo más humano del ser humano. Un gas-to. Ajeno a la sabiduría administrativa, yo me he sentido en ocasiones muy or-gulloso de vivir en una ciudad con dos fes-tivales culturales, con dos escuelas de es-critores, con varias escuelas de música, con muchas librerías, con dos ferias del libro, con artesanos incontables. He vivido, parece, en el error.

Hay silencios que son como el trueno. Los silencios que responden a Buxadé, a Glockner, a Escalera, a Canales, a Pimen-tel, son así. Hay otros. Uno puede pensar, por ejemplo, que la gestión de Alejandro Montiel al frente de la SC ha sido poco afortunada. Pero eso no puede pensarlo el mismo Montiel: él, que ha defendido su trabajo hasta la exasperación, ¿se prepara para defender públicamente la permanencia de la secretaría que todavía encabeza? ¿Tiene algo que perder por hacerlo?

La Casa del Escritor depende, si no me equivoco, de la SC. Quisiera equivocarme, porque eso significaría que los es-critores de Puebla tendríamos un lugar de refugio en los tiempos que se avecinan (lástima por los pintores, los músicos, los bailarines, los artesanos y artistas populares, los fotógrafos, los teatreros, los guar-dianes de las tradiciones, el público de to-dos ellos); pero si estoy en lo cierto, ¿no deberíamos escuchar lo que la Casa del Escritor tiene para decir al respecto? ¿Tiene algo que perder por hacerlo?

¿Y el Instituto Municipal de Arte y Cultura? ¿Y los que escuchan? ¿Y los que leen? ¿Y los que ven, y sienten, y to-can, y recuerdan? No pretendo erigirme en juez de las palabras o los silencios de nadie. Desacuerdos aparte (¿y cuándo se han juntado dos artistas, dos promotores culturales, dos lectores sin que aparezca un desacuerdo?), respeto el trabajo de Alejandro Montiel y el de Roberto Mar-tínez Garcilazo y el de Pedro Ocejo. Creo, eso sí, que la ola de secretos y rumores, de inmovilidad y tenebra que nos enfrenta es ejemplo de una manera de hacer las co-sas que merece una respuesta de nuestra parte: una respuesta de palabras y de co-lores, de movimientos y de formas, de ar-monías y texturas. Una respuesta que di-ga dónde está parado cada uno de noso-tros. Una respuesta que diga que no esta-mos dispuestos a vivir en la oscuridad y el silencio. Que ésta es nuestra casa, que la habitamos todos, y que no tenemos dueños.

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