viernes, 24 de julio de 2009

Remembranzas del profe Celes


Zapatero a tus zapatos
Por Celestino Reséndiz Castañeda

(...)
Una vez, ahí en Chilpancingo; salí de la universidad, era fresca la mañana, corría un viento oloroso a pan, flores y ricas comidas; caminé como siempre lo hago en pequeños pueblos o ciudades, me gusta ir por los mercados donde se vende de todo: fritangas, flores, guaraches y cuanto pueda uno imaginarse: pericos, pájaros y cacahuates pintados. Una señora ofrecía chapulines: "Chapulines marchante, están muy ricos, los hay grandes y chiquitos; los chiquitos por sabrosos y los grandes por grandes. Chapulines marchante". Y se perdió en un mundo de hermosura.
Un viejecityo tenía su puesto de herramientas en una banqueta, ofrecía sus trabajos: machetes, cuchillos, tranchetes, cadenas, etc. todo hecho en forma rústica, bien trabajados y a buen precio. Observé con detenimiento, ¿para qué sirve esto? -pregunté-. Es para acémilas -me respondió-. Elogié sus bonitos trabajos y él con orgullo me dijo: "todo es producto de mi pequeño taller". " Eso es para acémilas". ¿para acémilas? -me pregunté muchas veces- . Al no saber que era acémilas, avergonzado avancé rápido al hotel donde me hospedaba y fui desesperado al diccionario ¿y yo en la universidad? Acémilas, acémilas: macho o mula de carga para caminos escabrosos.
De pura vergûenza no fui por la herramienta. Las uñas de mis pies siguieron igual.

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