lunes, 28 de enero de 2008

REMEMBRANZAS DEL PROFE CELES

Todos los niños son de gran porte y carisma
Celestino Reséndiz Castañeda


Aguacatito, un pequeño pueblo de por mi rumbo tenía su escuela primaria unitaria, ahí trabajaba mi hermano Cirilo, nos invitó y fuimos varios amigos y no se quien de mi familia, era un diez de mayo, se festejaría a las madrecitas.
Empezó el programa: recitaciones, bailables y cantos a la madre.
Como siguiente número: "madre querida" recitación por el alumno Felipe Chávez Trejo -anunció el maestro de ceremonias- Felipe no subía al estrado, Felipe, Felipe, Felipe, lo llamaban y Felipe ni sus luces. Te toca Felipe, se oían los gritos de los chiquillos allá atrás. Y ahí viene Felipe todo desgreñado, se entretenía jugando a las luchas; viene con la camisa de fuera, el calzón lleno de tierra, avanza corriendo entre el público, sube al estrado y se planta garboso:
¡Madre!... Dice con un grito sonoro, sus manos en alto y sus pelos parados llaman la atención y hay un silencio completo; baja las manos y al frotarlas en su calzón levanta una nube de polvo. Calla por un largo tiempo.
Ah; sí, sí -dice en voz alta- Madre... Sus manos en alto, semeja a un águila, no las baja y se queda en silencio, busca algo en el cielo estrellado. Uj, uj -dijo rascándose la cabeza- . Ah sí, sí. Madre... Vibra su cuerpo, cierra los puños; tiene porte, es carismático y de pronto se brinca del estrado, corre por entre el público: "Chingada madre se me olvidó". Y se fue a jugar tumbadas.

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