sábado, 12 de enero de 2008

HISTORIAS


REMEMBRANZAS
Por Celestino Resendíz Castañeda

En ciertos dias, para entretenerme escribo sin plan alguno, tomo el papel y la pluma, en ocasiones no llega a mí, pensamiento o idea, por más que hago el esfuerzo por empezar; el tiempo pasa y el papel sigue en blanco, en otras llegan a mi ocurrencias, recuerdos, ideas que se atropellan y, escribo y escribo; cuando esto ocurre gozo con mis desvarios o bien termino con lágrimas que me voy bebiendo. Leo lo escrito y por ahí lo dejo o se va a la basura. Últimamente me ha dado por escribir haciendo recuerdos, (…) ordeno mis ideas y me digo: escribiré únicamente lo relacionado con escuelas, no puedo hablar de curas porque soy profesor; de estudiantes o de profesores que hayan estado conmigo, de esto escribiré; pasajes que sean verídicos…
DE CUANDO EL MAESTRO NO SE EQUIVOCÓ
Ricardo Ruiz, maestro de mi pueblo, formó a varias generaciones; muchos lo recuerdan con cariño. Un día, en su jornada de trabajo, un tanto cansado, trató de recuperar a sus alumnos atrasados y se tomó el tiempo suficiente después del horario de clases con uno de ellos, y con ejemplos claros y sencillos, le explicó la solución de los problemas, el alumno no captó la lección al grado de que el maestro se desesperó y dijo: “aquí no hay de donde cortar”. Le dio una leve palmada y afirmó con resignación “tú si no chiquito, tú si no… Tu destino es el Norte”. Pasaron los años, en una nochebuena de la década de los sesenta, estábamos el maestro y yo en nuestra mesa en el corral cercado de chiquiñhá debajo del mezquite, se escuchaban bonito los huapangos y el zapatear rítmico de bailadores; cuando llegó a nosotros un joven robusto, bien plantado, un poco alegre, con su tejano levantado, mostró su cara con altivez y antes de saludar con fuerza pero con respeto dijo: esta botella es para mi profe. Y con un abrazo saludó a su maestro al tiempo que le dijo: “¡Cómo hay dólares por allá! ¡Ya me aprendí las cuentas!”

No hay comentarios:

Publicar un comentario