sábado, 22 de septiembre de 2012

Mi confrontación con la docencia

 Del blog Rincón educativo
Palemón de la Rosa Fuentes
http://matematicasmeb.blogspot.mx/

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA
Por necesidad   y amplio  deseo de ejercer  lo que había estudiado, en 1983 me inicie como profesor de educación primaria, desde  1990  a la fecha trabajo en  el  subsistema de Secundarias Técnicas,  sin embargo  de 1993 a 1997 preste mis servicios también en el nivel medio superior en la modalidad de Bachillerato General. Después de ser  profesor de grupo  asumí  el reto, el compromiso y la  responsabilidad  para desempeñar las funciones  de: Coordinador Académico, Subdirector, Director y  Jefe  de Enseñanza que ejerzo actualmente; todas ellas  plasmadas en   mi proyecto de vida.  Cada una de las etapas de mi transitar  laboral  reviste  una  importancia   especial, sin  embargo  el común denominador  de ellas   esta  en   el compromiso  de educar para formar  y trascender. Por  ello, considero que  es menester  primordial reflexionar permanentemente sobre   los retos que implica el desempeño de  cada función,  al mismo  tiempo de  cuestionarse sobre: ¿qué debo hacer?, ¿cómo  lo debo hacer? , ¿para qué lo debo hacer? ; buscando siempre la  incidencia de nuestra   función en   la formación de los educandos.
Actualmente los bajos resultados de la  educación en México  es un tema  ampliamente comentado, si  se discute  entre padres de familia, la culpa es de los maestros,  los maestros culpamos a los padres de familia, si entre maestros se discute unos a otros nos culpamos. Creo que ya es tiempo de dejar de padecer algo que he bautizado como “el síndrome del pimpón”, de esta manera, y  aunque  con los  altibajos poco frecuentes o permanentes  como: la falta de infraestructura, regular apoyo de padres de familia, confrontación entre colegas por pensar diferente para hacer las cosas, riesgos  a los que se exponen los alumnos por la ubicación de la escuela, las relaciones enfermas existentes en las familias y la idiosincrasia en general de la comunidad. El docente debe ser el agente  que transforma, que convierte a la escuela en un centro de aprendizaje al servicio de la comunidad, que corre el riesgo y  que  jamás se rinde  o busca un área de confort. Por todo esto, para mi la docencia tiene un amplio  significado   . Como  Maestro de grupo  me  satisface  comentar que  en diversas ocasiones  he tenido   el  encuentro  casual con personas adultas que fueron mis alumnos , efusivos en su saludo , al tiempo que en sus comentarios refieren  el agradecimiento  por la forma  de atender sus necesidades de  formación. Estos momentos  son gratificantes pero me comprometen a no perder la identidad con la  misión de educar, y  que para favorecer la  formación  de los alumnos no solo  se requiere de  voluntad,  sino de entender sus intereses, de  asumir una actitud  de entrega al trabajo, de  compromiso, de responsabilidad y de apostarle de manera permanente a los procesos de capacitación y actualización.
Mi función de Coordinador y Director,   me dieron  la oportunidad de adquirir nuevas experiencias por la interacción permanente con alumnos, personal, padres de familia y autoridades, pero sobre todo destacar el apoyo  de mis inmediatos superiores para mi desempeño.
 Pero, ¿qué pasa cuando  se carece  de las  competencias  para ejercer el mando directivo? Viene a mi memoria  algo que me sucedió cuando me desempeñaba como Subdirector. El entonces Director sólo se concretaba a escuchar mis propuestas de mejora en la Institución y solía  decir: usted no va a durar en esta Escuela, a las peticiones de los compañeros dígales siempre que sí aunque le digan una mentira, el de allá arriba los va a juzgar, nosotros debemos ser como las esponjas absolver, absorber y absorber. Acciones en las que nunca estuve de acuerdo.  He aquí las interrogantes siguientes: ¿sucederá porque  no existen  escuelas formadoras para .coordinadores, subdirectores, directores, apoyos técnicos pedagógicos, jefes de Enseñanza, inspectores y  jefes de sector?, ¿Será por el desgaste de una identidad con el trabajo?, ¿por temor a la remoción? , ¿por la idea de ser adulados como los mejores directivos por dejar que todo suceda  sin importar cómo suceda?; o ¿por la falta de liderazgo?.
A pesar de no existir escuelas formadoras para el ejercicio de  los mandos antes mencionados, si se  aspira a  serlo, debemos  tener la iniciativa para prepararnos permanentemente    y  asegurar un buen   desempeño.
 En el poco tiempo de ejercicio que tengo  en la Jefatura de Enseñanza, soy testigo fiel del compromiso que tienen mis compañeros con el trabajo, pero también  hay quienes por su número de años de servicio en el sistema y en la escuela, asumen una actitud de conformismo, pesimistas de que  nada puede cambiar por más esfuerzos  que se hagan, tienden a la búsqueda de culpables; en suma las creencias y los prejuicios siguen siendo un atajo  también para la educación.
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