miércoles, 21 de septiembre de 2011

Sebastían Gatti

JUAN SEBASTIÁN GATTI

El señor secretario de Educación, en la tradición beligerante de las exposiciones que gusta ver en los museos, pasa a la ofensiva y acusa de superficiales los análisis y denuncias aparecidos en los medios a raíz de la distribución de obras de L. Ron Hubbard en las escuelas de Puebla.
A ver, señor Maldonado:
Superficial, y vergonzoso, es ampararse en la intermediación de Marinela Servitje y su generosa donación de “contenido técnico pedagógico” para hacer llegar ese material a las escuelas. Quedamos en espera de nuestra dotación de muñequitas vudú para la clase de arte y de las obras completas de Maussán para las de ciencias.
Superficial, y rayano en la estulticia, es justificar esa entrega en que se trata de mensajes recurrentes “en prácticamente todos los programas de superación personal”. Si confunde usted su encargo oficial con el de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, favor de dedicarse a dar conferencias y dejar la educación en paz.
Superficial, y francamente ridículo, es pensar que se trata de material laico porque la “amplia verificación” a su cargo no encontró en él la palabra “dios”. Uno de esos libritos no es más que una paráfrasis del decálogo hebreo; el otro es una simplificación burda (no podía ser de otra manera) de algunos de los principios de la cienciología para liberarse de los “engramas extraterrestres”. Ambos, y el video que los acompaña, parten de una concepción dogmática de “la verdad”. ¿Adivina usted la de quién?
Pensar que gente como Marinela Servitje o los herederos de las creencias y la fortuna de Hubbard o la transnacional Monsanto (ya volveré a ello uno de estos días, no crea que lo he pasado por alto) hacen lo que sea por pura generosidad y sin motivos ulteriores es también superficial, y no sé si muy inocente o muy culpable. ¿Cuál de los dos, señor Maldonado?
Superficial, y digno de mejor ignorancia, es alegar que el “ámbito motivacional” es un género literario, o que es literaria cualquier cosa que Hubbard haya escrito porque es autor de más de doscientas obras y ha vendido 250 millones de copias. ¿Se escucha usted a sí mismo cuando dice estas barbaridades, o le va a echar la culpa al control mental del tirano galáctico?
Superficial, e insultante, es venirnos con las pamplinas de que no se trata de material obligatorio sino de una mera sugerencia. Haga usted favor de no confundirnos con su subsecretario de Educación Básica. Somos muchos los maestros que, antes de dedicarnos a enseñar, aprendimos a leer, y a leer entre líneas, y reconocemos de inmediato las elementales trampas retóricas que usted suele usar como sustituto del discurso racional. Y no olvide –entre paréntesis– que hace tiempo lo escuchamos decir que nadie planeaba desaparecer la Secretaría de Cultura de Puebla, así que ya se imaginará en cuánto valoramos su palabra, sus protestas de inocencia y sus descalificaciones.

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