lunes, 1 de noviembre de 2010

Sub Marcos

La narrativa del Sub

dubriel dice: El sub Marcos es, desde 1994, un personaje destacado por la lucha social que inició a favor de los pueblos indígenas de México.

Una de los atributos que reúne este personaje es su narrativa. Describe con gran talento el ambiente de la selva chiapaneca.

QUE CUENTA SUEÑOS QUE EL AMOR ANIDA

Reposa la mar a mi lado. Comparte desde hace tiempo angustias, incertidumbres y no pocos sueños, pero ahora duerme conmigo la caliente noche de la selva. Yo miro su trigo agitado en el sueño y me maravillo de nuevo al encontrarla a ella como es ley: tibia, fresca y a mi lado. La asfixia me saca del lecho y toma mi mano y la pluma para traer al Viejo Antonio hoy, como hace años...

He pedido al Viejo Antonio que me acompañe en una exploración río abajo. No llevamos más que un poco de pozol para comer. Durante horas seguimos el caprichoso cauce y el hambre y el calor aprietan.

Toda la tarde la pasamos tras una piara de jabalíes. Casi anochece cuando le damos alcance, pero un enorme censo (puerco de monte) se desprende del grupo y nos ataca.

Yo saco a relucir todos mis conocimientos militares, dejo tirada mi arma y me trepo al
árbol más cercano. El Viejo Antonio queda inerme ante el ataque, pero en lugar de correr, se pone tras una maraña de bejucos. El gigantesco jabalí arremete de frente y con toda su fuerza, pero queda atrapado entre las lianas y las espinas. Antes de que pueda librarse, el Viejo Antonio levanta su vieja chimba y, de un tiro en la cabeza, resuelve la cena de ese día.

Ya en la madrugada, cuando he terminado de limpiar mi moderno fusil automático (un M-16, calibre 5.56 mm, con selector de cadencia y alcance efectivo de 460 metros,
además de mira telescópica, bipie y cargador de "drum" con 90 tiros), escribo en mi diario de campaña y, omitiendo todo lo sucedido, sólo anoto: "Topamos puerco y A. mató una pieza. Altura 350 msnm. No llovió".

Mientras esperamos que se cueza la carne, le cuento al Viejo Antonio que la parte que
me toca servirá para las fiestas que se preparan en el campamento. "¿Fiestas?", me pregunta mientras atiza el fuego.

"Sí", le digo, "No importa el mes, siempre hay algo que celebrar.". Después sigo con lo que yo supuse era una brillante disertación sobre el calendario histórico y las celebraciones zapatistas. En silencio escucha el Viejo Antonio y, suponiendo que no le interesa, me acomodo para dormir.

Entre sueños miró al Viejo Antonio tomar mi cuaderno y escribir algo. En la mañana,
repartimos la carne después del desayuno y cada uno toma su camino. Ya en nuestro campamento, reporto al mando y le muestro la bitácora para que sepa lo ocurrido. "Esta no es tu letra", me dice mientras me muestra la hoja del cuaderno. Ahí, al final de lo que yo anoté ese día, el Viejo Antonio había escrito con letras grandes: "Si no puedes tener la razón y la fuerza, escoge siempre la razón y deja que el enemigo tenga la fuerza. En muchos combates puede la fuerza obtener la victoria, pero en la lucha toda sólo la razón vence. El poderoso nunca podrá sacar razón de su fuerza, pero nosotros siempre podremos obtener fuerza de la razón".
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Y más abajo, con letra muy pequeña: "Felices fiestas". Ni para qué decirlo, se me quitó el hambre. Las fiestas, como siempre, estuvieron bien alegres. "La del moño colorado" estaba todavía, felizmente, muy lejos del "hit parade" de los zapatistas...



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