viernes, 30 de enero de 2009

de La Jornada de Oriente

Indígenas marchosos

ISRAEL LEÓN O’FARRILL

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Muchos otros autores han estudiado y puesto en tela de juicio el tema del indigenismo a lo largo de la historia. Baste citar en este espacio los excelentes trabajos de Enrique Florescano, concretamente el de Memoria mexicana, y el de Memoria indígena; igual sería conveniente citar a David Brading y su Mito y profecía en México. Todos ellos coinciden en lo artificial de las políticas indigenistas y los cortos alcances que han tenido.

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Ya veremos en los noticiarios nacionales las acostumbradas notas sobre el tráfico, y escucharemos a Alatorre y a López Dóriga quejarse de lo desquiciantes que son estas marchas para la tranquilidad de los defeños; ya escucharemos discursos de promesa a la resolución de sus demandas; ya los veremos volver sin nada arreglado. La visión del indígena en la mente de todos los mexicanos seguirá igual, la de un ser de segunda, que es mejor el constructor de pirámides que el que pide dinero en la calle. Seguirán opiniones como las de una conocida que sostenía con fervoroso ahínco que “habría que aplicarles una ligada de trompas a esas Marías, nomás paren hijos como conejos, con eso le haríamos un favor a la sociedad”. Lo más simpático es que esa señora se decía de izquierda, guardaba en el closet un pasamontañas y adoraba a Cuba, Fidel y al Che, una auténtica yupie comunista. Se sofistica cada vez más el mito alrededor de lo indígena, y ahora, aquellos que no se levantan arma en mano en alguna selva remota no son indígenas, y son colaboracionistas. Eso sí, nos ofendemos gacho cuando vemos el churro de Gibson, Apocalypto, pues “nos” retrataron bien violentos, ojeis y salvajotes, poco solidarios, mezquinos, asesinos y sacrificones. Por supuesto, de acuerdo a esas cursis reclamaciones, los mayas no eran (éramos, según dicen) violentos, eran observantes del firmamento y ni los flatos les olían. En cambio, estos de ahora sí que son capaces de todo, y “hasta huelen mal”. Bien vale la pena revisar nuestras propias visiones con respecto a lo indígena. Leer a Gutiérrez es un primer paso.


Dubriel dice: Cuando leí el artículo aparecido en la Jornada de Oriente me pareció raro ver la palabra sofistica y tal vez a usted también, ya que no es muy usual esta conjugación. Recurrí al diccionario y le muestro lo que encontré:


Del verbo sofisticar: (conjugar)
sofisticado es la:
participio

Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe S.A., Madrid:

sofisticar

Se conjuga como: sacar

sofisticado,da

  1. adj. Muy refinado y elegante y,en ocasiones,falto de naturalidad:
    modales sofisticados.
  2. Complejo,completo:
    funciona con un mecanismo muy sofisticado.

presente

yo sofistico
tú sofisticas
él, ella, Ud. sofistica
nosotros sofisticamos

vosotros sofisticáis

ellos, ellas, Uds. sofistican


Así que si usted alguna vez desea usar alguna de estas conjugaciones es correcto hacerlo.

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