jueves, 12 de septiembre de 2013

La reforma laboral



Hasta el siglo XIX


TODO LO QUE SÉ, SE LOS DEBO A MIS MAESTROS

Si usted ha escuchado por los medios oficiales que los maestros están dejando de trabajar por “flojos”, que están marchando por las calles de cada capital de cada estado en este país provocando “caos vehicular” y enfrentándose a los granaderos, seguramente la primera impresión que usted tendrá de los maestros será negativa.

Pero, ¿qué le parece si enfriamos la cabeza y vemos más allá de las versiones oficiales  y de las cosas que se han estado diciendo en la mayoría de los medios tradicionales?

(...)

Lo que se está cambiando, sin embargo, va por otro lado; tiene que ver con los maestros, pero no con ayudarlos, sino con juzgarlos, con culparlos, con castigarlos, con cambiarles sus prestaciones, sus derechos, sus obligaciones.

Por supuesto que están furiosos. ¿Usted estaría muy contento si hoy le dijeran, por ejemplo, que le van a quitar su aguinaldo, que le van a condicionar su sueldo a una evaluación y que todo el tiempo que tiene laborando en una empresa no le va a servir de nada a la hora de jubilarse?

¿Usted estaría de acuerdo si, cuando comenzó a trabajar, le juraron que siempre le iban a dar aguinaldo, que siempre iba a cobrar un sueldo interesante y que, al final de equis número de años, lo iban a jubilar con una jugosa pensión?

Esos miles de maestros que usted ve bloqueando las calles tienen el coraje que millones de trabajadores de otras industrias no hemos tenido en los últimos años.

Ellos están peleando lo que les prometieron cuando firmaron, cuando comenzaron a trabajar, cuando compraron o cuando heredaron su plaza. 

Sí, suena horrible que se compren, se vendan o se hereden plazas de maestro, como se compran, venden y heredan plazas en muchos otros ámbitos de nuestra vida nacional.

Pero la culpa no es de los maestros, es de la gente que está arriba de ellos.

¿Por qué, en lugar de atacar, culpar y castigar a los maestros, no atacamos, culpamos y castigamos a los responsables de esta situación?

¿Por qué, en lugar de vincular la supuesta mala educación que tenemos en México con los maestros, no la vinculamos con los funcionarios que metieron en esa trampa tanto a nuestros hijos como a esos trabajadores? ¡¿Por qué?!

(...)

La próxima vez que a usted, por ejemplo, le cambien la razón social de la empresa donde deja sus recibos de honorarios para que no pueda hacer antigüedad y para que jamás tenga derecho a nada, acuérdese de estos maestros que, a diferencia de nosotros, sí se unen y no se dejan.

La próxima vez que le digan, entre otras cosas, que la educación en México es mala y que es así por culpa de los maestros, pregunte en otros países qué les enseñan a sus niños y si acaso alguien se atreve a culpar a los maestros de lo que está pasando.

Después de informarse de cómo está la situación con los maestros le aseguro que tendrá ganas de unirse a ellos, apoyarlos y de gritar sus ingeniosas  consignas como las que a mí, en lo particular, me gustaron mucho:
¡El maestro luchando, también está enseñando!



cc

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