martes, 24 de febrero de 2015

Germinal de Emile Zola

Comentario de "Germinal", de Émile Zola


Fotograma de la película Germinal, basada en la obra de Zola e interpretada por Gérard Dupardieu


Germinal, de Émile ZolaCapítulo I (fragmento)

En la pelada llanura y en una noche sin estrellas, de una oscuridad y un espesor de tinta, un hombre avanzaba solo por la carretera de Marchiennes a Montsou; diez kilómetros sin una sola curva a través de los campos de remolacha. Hacia adelante no le era posible ver la negrura del suelo, y tampoco tenía la menor sensación del inmenso y uniforme horizonte si no era por el continuo azote del viento propio del mes de marzo, amplias y frías ráfagas que cruzaban como sobre un mar luego de barrer leguas y más leguas de marjales (1) y tierras desnudas. Sin la sombra de un árbol bajo el ancho cielo, la calzada se tendía con la rectitud de un malecón entre el espesor de la niebla.
 
 

*** Primeros párrafos del Cap. I de la novela “Germinal” de Émile Zola. Ediciones Olympia, 1995.

Nota 1: Marjales: terrenos bajos y pantanosos. Zona de turbas, cubiertas por espesas cañas.


Síntesis de la novela Germinal

Germinal es una epopeya. El libro, escrito por Emile Zola y publicado en 1885, describe y cuenta la vida de los mineros del carbón en el norte de Francia en plena crisis industrial. Étienne Lantier es uno de los personajes principales. Hijo de Gervaise Macquart y de su amante Lantier, el joven se hace despedir de su anterior trabajo de maquinista tras darle unos golpes a su capataz. Cesante, parte en plena crisis industrial hacia el norte de Francia, en busca de un nuevo empleo. Consigue engancharse como obrero en las minas de carbón de Montsou (casi frontera con Bélgica) y conoce en carne propia las condiciones de trabajo inhumanas de esos trabajadores. Para escribir este novela, Zola debió documentarse a fondo sobre el trabajo en las minas de carbón.

En ella denuncia la vida extremadamente dura de los mineros en el norte de Francia. Describe al mismo tiempo las revueltas de esos obreros, muy legítima en esa época, después de los primeros abusos. El paro deja a los trabajadores aún peor parados que al inicio. Los patronos, para romper el movimiento, usan todo tipo de métodos, como el despido masivo, el maltrato a las familias, acuden asimismo a la presencia de los militares que disparan a la turba indefensa, y reemplazan a los huelguistas y a los caídos con trabajadores traídos de Bélgica, en peores condiciones que los locales.

Sobre esta sangre, muchas familias francesas acomodadas construyeron fortuna y felicidad.

Ernesto Bustos Garrido
 
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